Cuida tus riñones con ejercicio físico

¿Por qué puede llegar a ser tan beneficioso el ejercicio en la enfermedad renal?

Cuando en medicina se tiene como objetivo prescribir un medicamento o fármaco, se buscan aquellos tratamientos con el mayor grado de evidencia y los menores efectos secundarios posibles. Respecto a esto, y en relación con la enfermedad renal crónica (presente en 1 de cada 10 europeos), el ejercicio parece un recurso no farmacológico prometedor, sin embargo, todavía se encuentra muy por debajo en cuanto a prestación de servicios a los programas de rehabilitación cardiaca o pulmonar. 

Aludiendo a lo anterior, y considerando la enfermedad renal crónica como un problema de salud pública global, debemos atender a las diferentes problemáticas que se dan durante todo el espectro de la enfermedad, tanto a nivel físico (atrofia muscular, pérdida de función física…) como cardiovascular (hipertensión, diabetes…). Aquí es donde el ejercicio parece intervenir de forma beneficiosa, sobre todo en la prevención y tratamiento de la enfermedad cardiovascular, la que mayor mortalidad reporta a nivel mundial. 

¿Qué tipo de ejercicio es beneficioso y de qué forma?

El ejercicio, incluso el más sencillo que se nos venga a la mente (como caminar), ya produce reducciones en la presión arterial sistólica y diastólica, así como disminuciones en la frecuencia cardiaca o pulsaciones en reposo (haciendo nuestro corazón más eficiente), reduciendo, por tanto, el número de fármacos antihipertensivos. No obstante, debemos tener claro que, si no nos gusta caminar, podremos utilizar otro tipo de actividades (como andar en bicicleta), siempre y cuando se realicen a una intensidad que pueda hablar con la persona de al lado o conmigo mismo.

Por otro lado, debemos ser conscientes de que los problemas físicos enumerados anteriormente no se solucionan únicamente caminando, sino que necesitaremos trabajar la fuerza, sobre todo a través de ejercicios globales y, a poder ser, bajo supervisión profesional para intentar exprimir al máximo los beneficios de una herramienta como el ejercicio sin efectos secundarios. Sin embargo, debemos ser cautos, y volviendo a lo anterior, controlar la intensidad de manera que siempre dejemos unas 3-4 repeticiones en la recámara, ya que el ejercicio muy intenso podría deteriorar nuestra función renal, ya sea de forma aguda o crónica.

Recomendaciones sobre ejercicio y enfermedad renal

Ejercicio y enfermedad renal

 

¿Cuáles son las posibles contraindicaciones?

Para finalizar, y aunque las contraindicaciones para la realización de ejercicio físico sean mínimas, debemos tener en cuenta ciertas consideraciones como, por ejemplo: el desequilibrio de fluidos y electrolitos (sobre todo durante la diálisis), evitar realizar la actividad con presiones arteriales previas iguales o mayores a 180-105 mmHg., así como evitar actividades de mucho impacto cuando se tengan problemas óseos derivados de la enfermedad renal (hiperparatiroidismo) por el posible riesgo de fracturas o rupturas tendinosas. 


Por todo esto, y si decides empezar un programa de entrenamiento, no dudes en contactar con el equipo Trainsplant, nosotros nos ocuparemos de analizar tu caso y poder ayudarte a cumplir tus objetivos.

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REFERENCIAS

Wilkinson, T. J., Shur, N. F., & Smith, A. C. (2016). “Exercise as medicine” in chronic kidney disease. Scandinavian journal of medicine & science in sports26(8), 985-988.

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