Ejercicio físico y trasplante

Mejora en los niveles de capacidad aeróbica y fuerza muscular

España se encuentra entre los países que realizan un mayor número de trasplantes. Según el último informe de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) en el año 2015 se alcanzó un record histórico en España realizándose más de 4300 trasplantes de órganos.

Los efectos de los inmunodepresores en la condición física

La mayoría de las guías de práctica clínica recomiendan la práctica de ejercicio como la atención estándar para los receptores de trasplante de órganos sólidos. Las personas que reciben un órgano trasplantado pueden rechazar el nuevo injerto. Con el fin de evitar el rechazo, la mayoría de los receptores de un trasplante tienen que tomar medicamentos que inhiben su respuesta inmunitaria (terapia inmunosupresora). Aunque el tratamiento ayuda a prevenir el rechazo al órgano, también pone a los pacientes en mayor riesgo de infección y cáncer. Estos medicamentos también pueden causar hipertensión arterial, hipercolesterolemia e incrementar el riesgo de desarrollar diabetes, entre otros.

El trasplante de órgano sólido o de médula conlleva complicaciones adicionales como una reducción de la tolerancia al ejercicio y una disminución de la capacidad aeróbica y fuerza muscular por el uso de medicación inmunosupresora. La valoración de la forma física en esta población es una eficaz herramienta para la evaluación y el asesoramiento físico de personas trasplantadas, siendo reflejo del impacto de la morbilidad subyacente, y asociada a su condición cardiorrespiratoria, calidad de vida y estado de salud en general.

Las personas trasplantadas tienen, por lo general, bajos niveles de capacidad aeróbica y suelen tener un estilo de vida sedentario. Sin embargo, se ha observado que las personas trasplantadas que practican actividad física de forma regular presentan mayores niveles de capacidad aeróbica y fuerza muscular. Esto conduce a una reducción de la morbilidad y la mortalidad así como a una mejor calidad de vida.

El uso de medicación inmunosupresora puede afectar negativamente la masa muscular, la estructura muscular y el metabolismo muscular. Además, la terapia inmunosupresora promueve el desarrollo de dismetabolismo y un mayor riesgo de sufrir sarcopenia. A todo lo anterior se suma que estos pacientes realizan un reposo prolongado en cama y una ingesta de diferentes fármacos, además de los inmunosupresores.

Existe consenso general acerca de que el ejercicio es protector y puede contrarrestar factores están directamente relacionados con un mayor riesgo de morbilidad, la mortalidad y la hospitalización.